pelo cae sobre la frente. una cascada en la que se baña pocahontas de veinte años, quince años. pocahontas comprimida en esta tarde de nieve y cristales y lágrimas polvorientas. las pestañas son estrellas: se dirigen hacia las manos de las ancianas que tejen, destejen, tejen, destejen /el tapiz en mi cabeza/ peto azul, camisa caqui. como si tuviera cinco años o ninguno. y un edificio colgado *de la oreja* celebran una fiesta porque alguien se ha graduado y no soy yo, cuánto me queda para ser adulta, cuánto me queda para recibir las llaves del agujero (¿qué agujero? ¿qué maldito, podrido agujero?). olor a colonia y sexual mirada, mirada lesbiana /¿había olvidado mencionar que soy lesbiana/ como el infierno? que me gustan las mujeres y los libros debajo del brazo. cortázar, siempre cortázar entre mi pelo *rizado cortado a navaja para que parezca chic casual hippie* y parís y un mandala psicotrópico. no hay drogas. este escáner pasa todos los controles de drogas.
pero
¿qué es eso ahí debajo, eso pintado en el pezón derecho como una cereza o el dibujo del dibujo de una pipa? miedo, no debemos olvidar el miedo que nubla la foto y hace espinas en los ojos. carteles en los ojos. relojes en los ojos. miedo a los ascensores y a la altura y al blue blue feeling. yo a los 20 años: fiebre indecisa y mofletes hinchados, dedos largos y asco prematuro. y la muerte siguiéndome como un cordero hambriento.
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